Integración del proyecto con la capital:
Otro de los aspectos económicos importantes es que el Regiotram no estará integrado al servicio de transporte público de Bogotá, lo cual significa que no habrá inversión de dinero de la EFR (Empresa Férrea Regional) al Sistema Integrado de Transporte público de la capital. Luego de varias reuniones, durante el 2017 y 2018 entre la Gobernación y el Distrito, se acordó que la ubicación de las estaciones del tren estuvieran lo más cercanas posibles a las estaciones que hoy en día existen de Transmilenio, sin embargo, no se logró lo mismo en términos de integración tarifaria. Cuando se entrevistó a Candelaria Gonzáles, ingeniera civil de la Empresa Férrea Regional, la declaración sobre el tema fue la siguiente: “intentamos en términos de infraestructura que hubiera una integración física, lo más cercana posible. Se contemplaron ideas de que todo fuera una sola estación, pero no se pudo, entonces en todas las estaciones tratamos que estuvieran bien cerca de las de Bogotá. Una integración física, tarifaria aún no”, comentó.
Esto se convierte en un problema económico, pues de no haber integración, en caso de que un usuario requiera transportarse tanto en Regiotram, como en otro sistema de transporte en Bogotá, este deberá pagar dos pasajes completos a dos sistemas diferentes. Por ejemplo, si el pasajero tomara el Transmilenio en el portal Norte y se dirigiera al municipio de Facatativá tendría que pagar su pasaje a Transmilenio y luego, tomar el tren y pagar un nuevo pasaje completo. En este primer escenario, el dinero que pagaría el usuario por ambos transportes les llegaría, por aparte, a ambas empresas (EFR- Transmilenio) porque no estarían integradas.
En el escenario contrario, si el sistema del tren de cercanías estuviera integrado tarifariamente, la persona podría llegar a la estación central, por medio de Transmilenio y allí, tomar Regiotram hasta Facatativá. En este caso, el usuario solo pagaría la tarifa completa al primer medio de transporte que tomó, en este caso Transmilenio, y cuando ingresara al tren, solo tendría que pagar a la EFR la tarifa de transbordo, es decir, un porcentaje menor del tiquete. Así funciona actualmente el sistema integrado Transmilenio - SITP.
Modelo para Regiotram de Occidente presentado el 15 de agosto de 2019. Cortesía: Gobernación de Cundinamarca
Con integración o sin ella, el pasajero deberá pasar su tarjeta para validar su pasaje. La diferencia es que con la integración tarifaria, el usuario pagaría un porcentaje menor, por el trasbordo, al segundo sistema de transporte que utilice. En términos prácticos, una de las empresas recibiría más dinero, por cuenta del pago total del primer tiquete. Por ello, el Distrito y la EFR tendrían que sentarse a acordar cómo administrar las ganancias entre ambas empresas para que ninguna esté en desventaja. Sin embargo, hasta la firma del contrato actual, este escenario de unificación no fue posible, porque no se logró llegar a un acuerdo. Se espera que sea un arreglo futuro, cuando el sistema esté construido y los gestores obtengan la experiencia necesaria para dominar el tema en el país.
Otra dimensión que se suma a esto es la participación económica del Distrito. Tal como se ha señalado, el contrato actual no supone que Bogotá deba invertir presupuesto en este proyecto. Tal como lo menciona Luis Tafur, secretario del despacho de la Secretaria Distrital de Movilidad, sin la integración, la capital no debe poner dinero para Regiotram. Pero si se optara por la integración tarifaria, tendría que hacerse también la unificación de infraestructura y tarjetas, por lo que sería posible la solicitud de presupuesto a la ciudad. Hasta la firma del proyecto (23 de diciembre de 2019) la unificación tarifaria no se ha logrado. Según Fernando Rojas, esto puede ser riesgoso económicamente para todos los sistemas de transporte (SITP, Transmilenio y Regiotram). Hay dos escenarios estimados cuando empiece a operar el Regiotram (2024): si el sistema se vuelve financieramente viable, se podría cruzar el dinero entre empresas, es decir, establecer un monto para cada una, por trasbordo de pasajero, pero si el sistema resulta deficitario, es allí donde empezarían los desacuerdos entre los entes gestores.
Desafortunadamente, la falta de cooperación podría perjudicar a futuro a los ciudadanos que se transporten en este sistema. “Si se calcula cuánto cuesta mover una persona en un sistema de transporte público, seguramente no va a dar 2.400 pesos que vale el pasaje de Transmilenio, da un poco más y ese excedente tiene que salir de algún lado y si se tienen dos sistemas que tienen dos entes gestores y dos territorios, pues se deben sentar a hablar de dónde va a salir la plata y quien va a poner qué”, explicó Andrés Prada, de la Dirección de Estudios Sectoriales de la Secretaria de Movilidad Distrital, respecto al tema de estructuración económica y de gastos.
La solución ideal sería que existiera esa integración, pues resultaría más cómodo y organizado para el usuario. Sin embargo, para las empresas la integración puede resultar una operación más compleja, porque no dependen del mismo ente gestor. Es decir, Transmilenio responde a Bogotá y a Transmilenio S.A.S porque ésta es su empresa gestora y Regiotram responde a la Empresa Férrea Regional y al departamento. Al haber cruce de dinero, con los trasbordos de los usuarios, se debe garantizar que este dinero vaya a un mismo sistema, como se hace actualmente con el metro de la ciudad de Medellín, pero al tratarse de entes diferentes, uno de la ciudad y otro del departamento, no se lograron tener las cuentas claras. A futuro, esto podría ser una desventaja para el Regiotram, porque los usuarios podrían seguir prefiriendo otras opciones de transporte que no le exijan hacer doble proceso de pago, ni trasbordar de un sistema a otro.
Modelo para Regiotram de Occidente. Cortesía: Gobernación de Cundinamarca
Según comenta Luis Tafur, desde la Secretaría se quería que el proyecto fuera unificado, que hubiera integración con Regiotram. “Nosotros como Secretaría queríamos que el tren de cercanías se integrara tarifariamente y de otras formas con el SITP. Sin embargo, la decisión del estructurador (Egis) fue que no, por temas económicos y, en su momento, el Alcalde dijo que no tenía dinero”, añadió. Sin embargo, no se cierra la posibilidad de que esa integración suceda en el futuro. Sería ideal para el usuario poder transbordar de un sistema a otro con más facilidad, sin tener que trasladarse obligatoriamente a la estación central, ubicada en 26 con Caracas, sacar otra tarjeta para subirse al bus y adicionalmente, pagar dos pasajes completos.
Así pues, hasta diciembre del 2019 el proyecto de Regiotram quedó adjudicado, sin integración con Bogotá y con varios retos en términos de oferta y la demanda. Además, se evidenciaron las diferentes posturas entre Bogotá y las organizaciones gestoras del Tren de Cercanías, respecto a la unificación: del lado del Distrito, la unificación significaba poner dinero para un proyecto que era competencia del departamento de Cundinamarca e invertir en infraestructura y en estudios de un proyecto, que podría convertirse en competencia directa para sistemas como SITP y Transmilenio. Para el Tren de Cercanías, era conveniente hacer la unificación por el aumento en el flujo de pasajeros. Esto, sin embargo, no les garantizaba que el dinero fuera directo a su caja porque debían negociar con Transmilenio para acordar un monto por trasbordo realizado, mientras que sin unificación todo el dinero sería para ellos.
Después de analizar dos de los principales aspectos económicos que conlleva la materialización del proyecto Regiotram, conozca algunas reflexiones sobre el valor cultural y social que tuvieron los trenes en el pasado y lo que esperan las nuevas generaciones con este proyecto. Está invitado a seguir este recorrido, en la
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